Camino a casa

Aunque ande en valle de sombra de muerte,
no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo;
tu vara y tu cayado me infundirán aliento.
Salmo 23:4
El salmo 23 ha sido uno de los más leídos a lo largo de la historia, en especial durante momentos difíciles, lo más seguro es que te sepas de memoria cada palabra que hay en él. Hoy durante mi devocional recordé el pasaje mencionado al principio de la publicación, este salmo me reconforta, pero ¿qué quiere decir “tu vara y tu cayado me infundirán aliento” ? Lo leo y me siento mejor, mi espíritu lo entiende, pero en mi inquietud por entender más acerca de ello me encontré con esto, espero te ayude.
Los pastores con experiencia lanzarían habilmente la vara para mantener en el camino al rebaño, también era usada para matar a los animales feroces como los lobos, leones u osos (Samuel 17:34), así mismo era usada para examinar de cerca el manto de lana de un animal y así descubrir la presencia de parásitos. El cayado, por su parte; no sólo era usado como bastón por el pastor; sino que el sonido rítmico de éste al tocar el suelo apacentaba a las ovejas. Las curiosas ovejas al ir por el camino muchas veces salen de él; el cayado con su forma de gancho era/es utilizado para engancharlas del cuello con suavidad y llevarlas de nuevo por el camino correcto. Generalmente usado para reorientar a los corderitos u ovejas con mayor dulzura que la vara.
Fuente: Diez minutos con Dios (Natalia Managó)
Al andar por ese camino largo llamado vida, nos encontramos con diferentes distracciones o señuelos, que al igual que a las ovejas, llaman nuestra atención y nublan el juicio; es entonces cuando decidimos andar un poco por el otro sendero, pero éste no es de vida sino de muerte. En él hay trampas contra osos donde aún teniendo “cuidado” caeremos en cualquier momento. Es ahí donde El Señor en su “misericordia” (Miser significa “pobre”, y corda “corazón”. La misericordia es la capacidad de entregar algo de sí mismo a la pobreza del corazón de otro) toma su vara para evitar que salgamos más del camino, pero nosotros somos un rebaño necio e insensato que aún sabiendo que nos dirigimos a una trampa no cambiamos de dirección (puesta en la mayoría veces por nosotros mismos). Queremos volver al camino bueno pero vemos a lo lejos cómo brilla aquello que capta poderosamente nuestra atención y seguimos por ese camino repleto de agujeros,trampas y fieras (de las cuales Dios nos libra con su vara). El Señor, al ver que no volvemos a Él, toma su cayado y nos hace volver, nos engancha dulcemente, toma de nuevo la vara y nos examina, remueve los parásitos que pudimos haber contraído al estar fuera del camino a casa, nos vuelve a apacentar junto a aguas tranquilas donde abundan los verdes pastos.
Hoy (como todos los días) El Señor nos invita a escuchar el sonido rítmico de su cayado al tocar el suelo, el de sus pasos y el de su voz. Él nos protegerá, confortará y con dulzura nos reorientará de nuevo y cuando menos lo esperemos estaremos … camino a casa.